inicio -> historia -> I

ESCUELA DE AVIACIÓN MILITAR - GÉNESIS DE LA FAA - 1995

 

I. Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar
Antonio M. Biedma Recalde

La iniciativa del Mayor Arturo P. Luisoni

Las principales naciones mejoraban sus servicios aerostáticos y, paulatinamente, iban ampliándolos con la incorporación de los nuevos elementos a los que, aunque en plena evolución, se les veía afianzar su perfeccionamiento.

Muchas de las restantes denunciaban su preocupación al respecto, enviando a las primeras un determinado número de profesionales con fines de estudio y para establecer, a la vez, la posibilidad de crear iguales servicios.

Había otros, en cambio, absolutamente indiferentes. La Argentina entre éstos. La aeronáutica, al parecer, no les creaba ningún problema nuevo cuya resolución pudiera preocuparlos. Era evidente que ese era el pensamiento dominante en sus respectivos hombres de gobierno. Nada les decía a esos hombres la reacción operada en Inglaterra una vez que hubo pasado el entusiasmo que despertara don Louis Blériot con su admirable proeza de atravesar en vuelo el Canal de la Mancha. Aquel vuelo deportivo había dado por tierra, de la noche a la mañana, con la seguridad del más grande imperio del mundo basada en el aislamiento continental de su metrópoli y en la garantía acordada por su poderosa escuadra a las comunicaciones con las colonias y dominios. Gran Bretaña ya no estaba aislada. A la vía del mar se había agregado la del aire; y ésta era de fácil acceso a cualquier potencia. La situación de antes exigió la supremacía en el mar; la nueva exigía, además, la supremacía en el aire.

Esta incomprensión e indiferencia oficial contrastaba con la preocupación que por ella demostraban prestigiosos ciudadanos y la gran prensa metropolitana.

  Mayor Arturo P. Luisoni

Entre aquellos se encontraba don Arturo P. Luisoni, mayor retirado de artillería y diplomado de estado mayor.

Asignaba carácter de urgencia a la tarea de arraigarlos en el país, en su aspecto civil, como exponentes de progreso y de cultura, y a la de su incorporación al ejército y a la marina, como arma auxiliar.

Sin embargo, sus sugestiones en tal sentido caían en el vacío. Ni el dirigible ni el aeroplano habían llegado a la madurez suficiente. También entre nosotros las opiniones estaban divididas respecto a cuál de los dos tipos de aeronave reunía condiciones más estimables. Se les atribuía la dificultad inicial de exigir cuantiosas sumas para las adquisiciones y para conservación y uso del material. Un dirigible costaba alrededor de 350.000 francos; un aeroplano, 35.000. Finalmente, se esgrimía contra ellos el argumento más contundente: el de las catástrofes diarias. Las conversaciones iniciadas bajo aquel propósito a manera de sondeo con jefes del ejército, fueron difundidas por un diario metropolitano, provocando un inesperado movimiento en la opinión pública que hizo llegar al autor de la iniciativa muestras inequívocas de adhesión.

La Argentina, que tal era el diario aludido, decía en su edición del 7 de marzo de ese año 1912:

Ha llegado a nuestra mesa de redacción la noticia de que un jefe del Ejército ha lanzado la idea de adquirir por suscripción nacional un dirigible militar, cuya cuota no excederá en ningún caso de 20 centavos, que se pagarán a la entrega de tarjetas postales patrióticas, debidamente numeradas y controladas.

La idea es simpática y ha de repercutir en el alma nacional, porque está fundada en razones técnicas de importancia.

Los aeroplanos actualmente usados en la guerra, han demostrado poca utilidad práctica por su limitada falta de espacio para conducir más de una persona, fuera de su seguridad dudosa para resistir las diferentes capas atmosféricas, inconvenientes que no presentan los dirigibles militares.

Actualmente en la guerra ítalo-turca, los aeroplanos no han podido extralimitarse en su acción más allá de algunos kilómetros de la línea de trincheras, siendo de escasísima importancia sus ligeros y peligrosos reconocimientos, como lo corrobora el hecho de que las mejores observaciones efectuadas se hicieron desde globos cautivos.

Bastan estas breves consideraciones para comprender la importancia de tan valiosa adquisición para el Ejército Nacional, hecha en condiciones tan económicas para el erario público.

La simpática acogida que se dispensara a esta noticia decidió al mayor Luisoni a buscar en los círculos civiles apoyo para la realización de su idea.

 

Repercusión en la Sociedad Sportiva Argentina y en el Aero Club Argentino

Si bien existía en Buenos Aires el Aero Club Argentino, institución a la que la lógica habría aconsejado hacerle partícipe de la idea desde el momento en que ésta estaba vinculada con la Aeronáutica y aquélla en sus reglamentos tenía en cierta forma prevista una íntima colaboración con el Ministerio de Guerra, la falta de arraigo de esa misma Aeronáutica en el país hacía que dicho club sólo tuviera vida o significación dentro de un círculo muy reducido de personas y que su desarrollo se efectuara en una permanente y angustiosa estrechez financiera, aliviada periódicamente por la ayuda pecuniaria de sus asociados, del Ministerio de Guerra y de algunas otras instituciones.

Entre estas últimas figuraba la Sociedad Sportiva Argentina que, presidida por el barón Antonio de Marchi, era, a la sazón, la más popular; poseía una sólida situación económica y estaba integrada por varios millares de asociados. Sus exhibiciones públicas, festivales, concursos, beneficios, etc., marcan la parte sobresaliente de la época más brillante de los deportes argentinos.

Para asegurar la realización de la idea resultaban necesarios: el respaldo de una institución de indiscutible prestigio; la movilización del mayor número posible de voluntades y, consecuentemente, de un gran concurso de propagandistas para la feliz ejecución de los trabajos. Se comprenderá, entonces, el motivo por el cual el mayor Luisoni transmitió su pensamiento al presidente de la Sociedad Sportiva Argentina, en vez de hacerlo al del Aero Club Argentino.

  Barón Antonio de Marchi

Así, pues, el mayor Luisoni hizo llegar al barón de Marchi un ejemplar del diario La Argentina del 7 de marzo, solicitándole, al mismo tiempo, una entrevista para conversar con respecto a la noticia en él publicada.

De Marchi acogió con entusiasmo el proyecto y, algunos días después, realizó una visita al ministro de Guerra, general Gregorio Vélez, visita sobre la que ilustra la siguiente crónica publicada por La Prensa en su edición del 14 de abril de aquel año.

En una visita que hace pocos días hizo el mayor P. Luisoni al presidente de la Sportiva, señor de Marchi, le propuso que dicha institución se encargase de iniciar una subscripción popular, con el propósito de regalar un globo dirigible al Ministerio de Guerra de nuestro país. El señor de Marchi aceptó la iniciativa del mayor Luisoni, pero con la condición de cambiar ideas antes con el general Vélez. Ayer por la tarde, el señor de Marchi visitó al general Vélez y le planteó el proyecto.

El ministro de Guerra se mostró entusiasmado por la idea y dijo que si no figuraba una partida para ese objeto en el presupuesto de su Ministerio, era siempre por falta de recursos. En lo que se refiere al tipo de aparato, el general Vélez se manifestó partidario del aeroplano y no del dirigible, en virtud del notable resultado que da ese tipo en la guerra ítalo-turca, así como lo dio en la revista aérea efectuada en Francia a principios de marzo último.

El señor de Marchi aceptó la indicación del general Vélez, y ayer mismo dio principio a los trabajos para obsequiar con una escuadrilla de aeroplanos al Ministerio de Guerra.

La Sociedad Sportiva hará imprimir un millón y medio de tarjetas postales artísticas, las que se venderán al precio de veinte centavos en todas las reparticiones públicas, en las escuelas, en los bancos, en los clubes y centros sportivos y en el ejército y armada, y con su producto se comprarán los aeroplanos que formarán la escuadrilla.

La Nación de aquel mismo día daba, por su parte y en forma absolutamente coincidente, igual noticia. Luego de referirse al estado en que se encontraba la aviación militar en los demás países, las experiencias realizadas y a la circunstancia de que en aquellos momentos se utilizaba en la guerra que sostenía Italia, agregaba:

Con todos estos antecedentes, el mayor A. P. Luisoni concibió la idea de ofrecer por suscripción popular al ejército argentino, de que forma parte, una escuadrilla de aeroplanos o en su lugar un globo dirigible y teniendo en cuenta los prestigios de que goza la Sociedad Sportiva Argentina, manifestó el proyecto a su presidente, barón Antonio de Marchi, pidiéndole que lo convirtiera en una realidad.

Con tal motivo el caballero citado se entrevistó ayer con el ministro de Guerra, quien se manifestó muy complacido por este valioso ofrecimiento que, de acuerdo con la idea del iniciador, se sufragará con la emisión de 1.500.000 postales alegóricas, a venderse al precio de 20 centavos.

El general Vélez declaró que de sus conocimientos, estudios realizados e informes obtenidos, se desprendía que los aeroplanos llenaban un papel más práctico que los dirigibles y que su opinión se inclinaba hacia los primeros.

Se convino, entonces, en que la Sociedad Sportiva haría la emisión de las tarjetas, impresas en los talleres del Arsenal de Guerra, y la distribución para la venta correría por su cuenta, previo un concurso que se celebraría entre los artistas residentes en el país, para el dibujo alegórico que ilustrará las cartulinas.

Una vez recolectados los fondos o, por lo menos, cuando el proyecto esté bien encaminado, se nombrará una comisión formada por el presidente del Aero Club Argentino, ingeniero Jorge Newbery, por una delegación de jefes y oficiales del ejército y por varios miembros de la Sociedad Sportiva Argentina para estudiar y resolver el tipo de aeroplano conveniente.

El proyecto –terminaba La Nación– juzgado bajo su aspecto patriótico, merece todo apoyo y es de esperar que la idea no tardará en convertirse en halagadora realidad.

  General Gregorio Vélez,
Ministro de Guerra

La favorable predisposición demostrada en esta oportunidad por el ministro de Guerra, hizo vislumbrar el más rotundo éxito a los trabajos que habrían de iniciarse y que el tiempo, asociado al patriotismo de distinguidos ciudadanos y a la generosidad y altruismo de un pueblo, se encargó de confirmar.

Tan pronto fuera difundida la noticia de lo resuelto en la entrevista celebrada por el barón de Marchi con el ministro de Guerra, y sin esperar a que aquel iniciara los correspondientes trabajos de organización, se produjo ya la primera donación de importancia. En efecto, el día 19 la firma Piccardo & Cía., se dirigía al ministro de Guerra ofreciendo, en donación, un aeroplano de tipo militar, cuya elección quedaba librada al juicio del Ministerio o de los técnicos que al efecto designara y al cual solicitaba se diera el nombre de “Argentina”.

Esta donación, así como la aparición de un llamado al comercio, formulado por el Aero Club Argentino, en apoyo de la iniciativa, hizo que se aceleraran los trabajos de organización del concurso en que habrían de seleccionarse las alegorías para la confección de las tarjetas postales, cuya venta constituiría la base de la suscripción pública a efectuarse.

El día 27 tuvo efecto la reunión especial a que invitara la Sociedad Sportiva Argentina. Al ocuparse del asunto decía La Nación, al día siguiente:

Ayer se reunió, bajo la presidencia del ingeniero Jorge Newbery, presidente del Aero Club Argentino, y con la asistencia del mayor Arturo P. Luisoni, un grupo de caballeros que han tomado a su cargo la realización de los primeros trabajos tendientes a efectuar una subscripción pública, llevada a cabo por medio de la venta de tarjetas postales para obsequiar con una escuadrilla de aeroplanos a nuestro ejército.

En esta reunión preliminar se resolvió nombrar una comisión ejecutiva formada por los siguientes señores: presidente, barón Antonio de Marchi, de la Sociedad Sportiva; vicepresidente, ingeniero Jorge Newbery, del Aero Club Argentino, secretario honorario, mayor Arturo P. Luisoni; vocales: los directores de todos los diarios de la capital; general Ramón Ruiz, jefe del Estado Mayor; contraalmirante Manuel Domecq García, presidente del Centro Naval; coronel Martín Rodríguez, secretario del ministro de Guerra; coronel José F. Uriburu, presidente del Círculo Militar; coronel Carlos R. Sarmiento, inspector de ingenieros y Eduardo Hunter, vicepresidente de la Sociedad Sportiva.

Dado que en esta comisión sólo se había centralizado la tarea relacionada con la suscripción en favor de la adquisición de una flotilla de aeroplanos para el ejército en cuanto estuviera relacionada con la futura venta de postales, la Sociedad Sportiva Argentina y el Aero Club Argentino recibían, a su vez, ofrecimientos de donaciones, de los que daban traslado directamente al Ministerio de Guerra. Este hecho motivó críticas al sistema y creó una incómoda situación a varios de los miembros de aquella comisión. El mayor Luisoni, en defensa del éxito de su iniciativa, se apresuró a plantear dicha situación a los presidentes de ambas instituciones, indicándoles la necesidad de que la tarea de aquella comisión no fuera perturbada con interferencias que estaban dando lugar a malévolos comentarios y que, si era menester, debía dársele a esa comisión otra estructura o ampliársele los poderes.

Los dos presidentes coincidieron con el mayor Luisoni en la conveniencia de constituir una Comisión Central Recolectora de Fondos, encargada de la recepción de todas las donaciones y de controlar las sumas provenientes de la suscripción. Ambas instituciones se limitarían a fomentar el movimiento mediante activa propaganda y a recibir las adhesiones y darles el trámite correspondiente ante dicha Comisión. Aprobado el temperamento propuesto por las respectivas comisiones directivas en sendas sesiones, realizadas el día 6 de mayo, en la tarde del siguiente, el barón de Marchi se entrevistaba con el ministro de Guerra a objeto de expresarle la conveniencia de centralizar en las funciones de una sola comisión las iniciativas aisladas y las suscripciones promovidas en favor de la aviación militar.

El general Vélez, entendiendo que el proyecto tenía carácter eminentemente popular, opinó que la idea de centralización de las tareas debía ser considerada por las asociaciones productoras del movimiento y resolver ellas la mejor manera de organizar sus elementos a los fines de la propaganda, recepción de fondos, etc.

 

Reunión de directivos del Aero Club Argentino

 

Creación de una Comisión Central Recolectora de Fondos –El reconocimiento oficial–
Trabajos y donaciones

Este episodio dio, pues, origen a la transformación de aquella comisión ejecutiva, en una comisión central que habría de llamarse “Comisión Central Recolectora de Fondos Pro Flotilla Aero Militar Argentina” y cuya acta de fundación decía:

En Buenos Aires, a primero de junio de mil novecientos doce, reunidos en asamblea en el local de la calle Florida quinientos treinta y siete, gentilmente cedido por el Jockey Club, para tomar en consideración la iniciativa del Aero Club Argentino y de la Sociedad Sportiva Argentina, de obsequiar al ejército y armada nacional con una flotilla aérea, y considerando los trabajos ya efectuados en ese sentido por la Comisión Organizadora, los abajo firmados resuelven:
1) Confirmar los siguientes nombramientos:
  a) Comisión Central: Presidentes Honorarios:
S.E. el Ministro de Guerra, Grl. Gregorio Vélez; S.E. el Ministro de Marina, Contraalmirante Juan Pablo Sáenz Valiente.
Presidentes efectivos:
Barón Antonio de Marchi, Presidente de la Sociedad Sportiva Argentina, e Ing. Jorge Newbery, Presidente del Aero Club Argentino.
Secretario honorario:
mayor Arturo P. Luisoni.
Vocales:
General Ramón Ruiz, Contraalmirante Manuel Domecq García, Contraalmirante Juan A. Martín, coronel Martín Rodríguez, Coronel José F. Uriburu, Coronel Carlos R. Sarmiento, Capitán de Navío Ingeniero José E. Durand, Ingeniero Eduardo Hunter, Capitán de Navío Julián Irizar, Ingeniero Jorge Duclout, Daniel Videla Dorna, Félix Alzaga Unzué, Doctor Francisco P. Moreno, Jorge M. Lubary, Ingeniero Carlos Aubone, Samuel Hale Pearson, Doctor Adolfo J. Orma.
Secretarios efectivos:
Antonio G. Canella y Manuel Ramos Vivot.
  b) Comisión de Hacienda:
Contraalmirante Juan A. Martín, general Ramón Ruiz, Ingeniero Eduardo Hunter.
Secretario: Daniel Videla Dorna.
  c) Comisión de Barrios:
Ingeniero Eduardo Hunter, Daniel Videla Dorna.
  d) Comisión de Teatros:
Doctor Wenceslao Paunero, Doctor Carlos Alberto Pueyrredón, Pedro Christophersen, Manuel Quintana (h), Agustín de Elía (h), Jaime Gómez, Carlos Quintana, Jorge Achával Riglos, Manuel Quirno Costa, Ernesto Senillosa.
Secretario: Jorge Cabral.
2) Aprobar la aceptación de los ofrecimientos hechos:
  a) Por intermedio de la Sociedad Sportiva Argentina: señor Alberto Eduardo Castex, un aeroplano que llevará el nombre de su señor padre D. Eduardo Castex;
  b) Por intermedio del Aero Club Argentino: Piccardo y Cía., un aeroplano; Cía. Argentina de Tabacos Ltda., una escuela completa de aviación, compuesta de tres aeroplanos y los gastos de un profesor aviador para el aprendizaje de oficiales.
3) Aprobar y aceptar las donaciones en efectivo hechas por:
  a) Alumnos del Colegio Lacordaire, pesos 450 m/n;
  b) Sociedad de Tiro al Blanco de Arias, por intermedio del director general de Tiro y Gimnasia, coronel Eduardo Munilla, $100 m/n;
  c) Señores Asorey y Vasallo, de Zárate, $29 m/n;
  d) Sr. E. Mendeski, $300 m/n.
4) Aceptar y agradecer las siguientes contribuciones ofrecidas durante el tiempo que funcione la Comisión Central, con el objeto de facilitar sus tareas:
  a) Jockey Club: local, alumbrado y muebles;
  b) Sociedad Sportiva Argentina: muebles;
  c) Cía. Unión Telefónica: un aparato;
  d) A. W. Boote y Cía.: dos máquinas de escribir Underwood;
  e) Bash Hnos. y Cía.: una caja de acero.
5) Aprobar el proyecto del mayor Arturo P. Luisoni, de la emisión de tarjetas postales alegóricas a la aviación militar, el producto de cuya venta se destina para allegar fondos pro flotilla.
6) Aprobar el concurso de dibujos alegóricos para las mismas, y asimismo el fallo del jurado producido el 28 de mayo ppdo.
7) Aprobar la adjudicación hecha por la Comisión Central, de cinco accésits, además de los otorgados por el jurado.
8) Aprobar las gestiones hechas por la Comisión Central ante S.E. el ministro de Guerra, para que las tarjetas postales se impriman en los talleres del Arsenal, al precio de costo, que se abonará una vez efectuada su venta.
9) Agradecer a S. E. el ministro de Guerra el ofrecimiento de un mil quinientos pesos para abonar los premios del concurso, y a S. E. el ministro de Marina, el ofrecimiento de medallas para el mismo fin.
10) Aprobar el proyecto presentado por el doctor Francisco P. Moreno al Ministerio de Guerra, de emitir tarjetas postales con motivos históricos, debiendo la Comisión Central determinar en su oportunidad la cantidad que de ellas se deban imprimir.
11) Aprobar el proyecto del barón Antonio de Marchi, ya aceptado en principio por el señor director general de Correos y Telégrafos, de emitir una estampilla oficial suplementaria que circulará durante un período de tiempo a determinarse y cuyo precio de venta será de cinco centavos cada una.
12) Aceptar los ofrecimientos de funciones hechos por los empresarios de los teatros Coliseo, Gran Cinema Esmeralda, Ateneo, Palace Theatre, Petit Palace, de la Capital, y Cinema Lepage, de Rosario.
13) Aprobar el propósito de la Comisión Central de repartir en toda la República talonarios de recibos por cuotas voluntarias, con que el pueblo quiera contribuir al éxito de la iniciativa.
14) Aprobar la moción del contraalmirante Manuel Domecq García, para que dicha distribución se haga por intermedio del Banco de la Nación Argentina y sus sucursales en el Interior, sin perjuicio de que puedan acordarse pedidos de dichos talonarios de parte de las instituciones y particulares de reconocida responsabilidad.
15) Aprobar el proyecto de nombrar subcomisiones vecinales en cada sección de policía en que está dividida la Capital Federal, con el objeto de recolectar fondos.
16) Aprobar, previos los informes del caso, la constitución de comisiones que, respondiendo a estos mismos propósitos, se formen en cualquier localidad del interior, y autorizar a la Comisión Central para que nombre delegados que la representen en el seno de aquellas.
17) Nombrar a los señores Jenaro Rongo, Juan F. Zuanich y Antonio G. Canella, para que se hagan cargo de la propaganda periodística en la forma que consideren más conveniente.
18) Aprobar un voto de aplauso al director general de Tiro y Gimnasia, coronel Eduardo Munilla, por la circular que ha pasado a las sociedades de tiro de la República, invitándolas a que destinen al fondo pro flotilla uno de los concursos oficiales de tiro del corriente año.
19) Pedir a la Asociación de Football y al Club de Gimnasia y Esgrima destinen un día de reunión a beneficio del fondo pro flotilla.
20) Aprobar y aceptar la propuesta de la Sociedad Colombófila “La Paloma Mensajera”, que ofrece organizar un concurso de palomas con el objeto de aportar fondos pro flotilla.
21) Aprobar que la parte técnica que se relacione con la adquisición de la Flotilla Aérea, quede a cargo exclusivo de la Comisión Directiva del Aero Club Argentino.
22) Aprobar que los fondos que se perciban, sean depositados en el Banco de la Nación Argentina, quedando su manejo a cargo de la Comisión de Hacienda, la que, por intermedio del mismo Banco, si fuera posible, o, en caso contrario, de empleados que ella designe, llevará la contabilidad necesaria.
23) Conferir amplios poderes a las comisiones nombradas para que resuelvan cualquier asunto, proyecto u ofrecimiento que se les presente o hagan y que, según su criterio, puedan contribuir al mejor éxito de la iniciativa.
24) Aprobar, por último, un voto de aplauso a los Poderes Públicos, y especialmente a los señores ministros de Guerra y Marina, a las instituciones y particulares que han prestigiado esta iniciativa y que han prometido continuar prestándole su apoyo para que, a la brevedad posible, el ejército y la marina nacional sean dotadas de la nueva arma que con tan feliz éxito es empleada por los gobiernos europeos.
 
(Firmado): Gregorio Vélez, Jorge Newbery, Antonio de Marchi, Manuel Domecq García, Eduardo Hunter, Juan A. Martín, Carlos Aubone, José E. Durand, Daniel Videla Dorna, Arturo P. Luisoni, Jorge M. Lubary, Carlos Quintana, Jorge Cabral, Manuel A. Quirno Costa, Manuel Quintana (h), Ernesto F. Senillosa, Martín Rodríguez, Nabor Córdoba, Juan F. Zuanich, Jenaro Rongo, Lisandro Billinghurst, Antonio G. Canella, Manuel Ramos Vivot, Francisco P. Moreno, Manuel Carlés, Ramón Ruiz, Severo Vaccaro, M. Ares de Parga.

 

Reunión de la Comisión Recolectora de Fondos Pro-Flotilla Aero Militar Argentina, 1º de junio de 1912

 

Visto que a pesar de haberse constituido la Comisión Central, otras surgidas a raíz de los primeros llamados que hicieran separadamente la Sociedad Sportiva Argentina y el Aero Club Argentino no se avenían a una dependencia o control de dicha Comisión Central, perturbando seriamente el desarrollo de sus trabajos y comprometiendo el éxito de los mismos, y atento también a la conducta poco escrupulosa de alguna de ellas sospechadas de sacar provechoso partido del patriotismo y buena fe del público, fue necesario solicitar al Poder Ejecutivo de la Nación un reconocimiento oficial del organismo, el que le fue acordado por el siguiente decreto:

Buenos Aires, julio 19 de 1912. Vista la nota que antecede por la que la “Comisión Central Pro Flotilla Aero Militar Argentina”, solicita se le reconozca oficialmente a fin de que pueda existir uniformidad en el patriótico trabajo que ha emprendido, uniformidad que se obtendrá con una sola y exclusiva dirección, de la cual dependan las subcomisiones que se organicen con el mismo fin u objeto y atento a las razones aducidas en la nota de referencia, el Presidente de la Nación

DECRETA:

Artículo 1ro.- Reconócese a la “Comisión Central Pro Flotilla Aero Militar Argentina”, que presiden los señores presidentes del Aero Club Argentino y Sociedad Sportiva Argentina como la única autorizada para recolectar fondos con destino a la adquisición de una flotilla aérea para el ejército y armada de la Nación.

Artículo 2do.- Toda otra comisión que exista o se organice con idéntico fin, deberá depender de la mencionada Comisión Central y recibir de ella la autorización correspondiente e instrucciones del caso para iniciar subscripciones, con objeto de que haya uniformidad en los trabajos que se realicen.

Artículo 3ro.- Comuníquese; publíquese, etc.

(Firmado): SAENZ PEÑA - JUAN P. SAENZ VALIENTE

Largo y engorroso sería enumerar una por una las donaciones que se recibieron y los trabajos efectuados; sin embargo, veamos las principales entradas.

La venta de postales alegóricas fue, sin duda, la que más alimentó el entusiasmo popular, aun cuando lo recaudado en tal concepto no alcanzara la cifra que en un principio se calculara. Fue, no obstante, la verdadera base de la suscripción popular, juntamente con la estampilla alegórica.

La primera comisión ad-hoc que formara la Sociedad Sportiva Argentina que, como se ha visto, fue a su vez la primera que corrió con tales gestiones, publicó y difundió en todo el territorio de la Nación, el siguiente llamado:

1ro.) A los efectos del proyecto que por iniciativa del mayor don Arturo P. Luisoni, la Sociedad Sportiva Argentina ha presentado a S. E. el ministro de Guerra, general Gregorio Vélez, y que consiste en ofrecer al ejército argentino una flotilla aérea costeada por el pueblo mediante la emisión de 1.500.000 tarjetas postales, se abre un concurso de dibujos alegóricos a la aviación en su aplicación en el arte de la guerra.

2do.) En este concurso podrán tomar parte todos los artistas de cualquier nacionalidad, residentes en la Argentina.

3ro.) Los dibujos originales deberán ser remitidos a la Comisión, a nombre del secretario de la misma en Avenida Alvear 1325 o San Martín 341, hasta las 12 p.m. del día 10 de mayo, firmados con un lema que se repetirá en un sobre cerrado, en cuyo interior irá el nombre y domicilio del autor del dibujo.

4to.) Desde el día 10 de mayo hasta el 25 del mismo mes quedarán expuestos, en un salón que se indicará oportunamente, todos los originales recibidos, debiendo en ese lapso de tiempo expedirse el jurado que pronunciará su fallo el último día, procediendo acto continuo a la distribución de premios.

5to.) Se instituyen los siguientes premios: primer premio, 250 pesos y medalla de oro; segundo premio, 150 pesos y medalla de oro; tercer premio, 100 pesos y medalla de vermeil; cuarto premio, 80 pesos y medalla de plata; quinto premio, 50 pesos y medalla de plata, y además cinco accésits de 30 pesos cada uno y diploma.

6to.) El jurado queda facultado para declarar desiertos los premios que no estén en relación con los trabajos presentados o aumentar el número de accésits si así lo creyera conveniente.

7mo.) Todos los dibujos premiados quedan de propiedad de la Comisión a los efectos exclusivos de su reproducción en las tarjetas postales a que se refiere el artículo primero.

8vo.) El tamaño de los originales queda librado a la voluntad y gusto artístico de los concurrentes, los que deberán tratar de tener en cuenta su aplicación al tamaño común de las tarjetas postales.

9no.) Los nombres de las personas que compondrán el jurado, se publicarán el último día hábil para la presentación de los originales.

Fueron presentados a este concurso 149 trabajos.

De acuerdo con lo convenido con el Ministerio de Guerra, se dispuso la impresión de 1.500.000 postales en los talleres del Arsenal Principal, para lo cual se eligieron 8 dibujos de entre los premiados y que llenaran las condiciones técnicas exigidas por la impresión.

Buscando medios de llenar su cometido, la Comisión Central aprobó el proyecto del barón de Marchi, sobre la venta de una estampilla alegórica suplementaria de correos de un valor de $0,05 m/n. El dibujo fue realizado por don Jorge M. Lubary, efectuándose su impresión, en número de cinco millones, en la Compañía Sud Americana de Billetes de Banco.

La misma Comisión resolvió la acuñación de una medalla alegórica, de oro, vermeil y plata, encargándose de ello a la firma Pastorino y Salas. Dichas medallas fueron destinadas a la venta, así como también distribuidas entre los donantes de sumas preestablecidas, adquirentes de determinadas cantidades de postales y estampillas, y entre aquellas personas que habían comprometido el agradecimiento de la Comisión Central.

En cuanto a las donaciones recibidas, aparte del inestimable concurso que hubo de prestar la Bolsa de Cereales al entregar la suma de $17.399,21 m/n como producto líquido de la suscripción realizada entre el gremio, merecen especial mención las siguientes, dada su importancia:

• Alberto E. Castex: Un monoplano Nieuport M IV-Gnôme 100 HP “Eduardo Castex”.

• Piccardo y Cía.: Un monoplano, gemelo del anterior, “Argentina”.

• Compañía Argentina de Tabacos Ltda.: Honorarios y contrato por tres meses de instrucción, del piloto aviador francés don Marcel Paillette. Un biplano Henri Farman-Gnôme 50 HP. Un monoplano Blériot IX-Gnôme 50 HP “Centenario” y un monoplano Nieuport-Gnôme 50 HP. Posteriormente esta donación fue ampliada con el importe de los sueldos del personal de mecánicos y costo de los combustibles empleados, hasta el 31 de diciembre de 1912.

• Lomas de Zamora Jockey Club: Un monoplano Santos Dumont, modelo Demoiselle-Clement Bayard 30 HP. (1)

• Moss y Cía.: Un globo esférico de 800 metros cúbicos “Bols”.

• Compañía Primitiva de Gas: 100.000 metros cúbicos de gas para ascensiones aerostáticas.

• Ing. Horacio Anasagasti: Una voiturette de fabricación nacional “Anasagasti” de 14 HP.

• Dr. José María Moreno: Un botiquín completo, destinado a primeros auxilios.

El día 10 de agosto aparecía el decreto que coronaba en forma feliz y brillante los esfuerzos realizados para llevar a la realidad la iniciativa del mayor Luisoni: la creación de la Escuela de Aviación Militar.

Una vez realizada la inauguración pública y la entrega oficial de la Escuela el día 8 de septiembre, quedaba aquélla bajo la custodia militar, y la Comisión Central, con la satisfacción que origina todo deber cumplido, daba por terminada su misión el día 31 de agosto del siguiente año con la publicación de un detallado balance de caja, firmado por el oficial de administración del Estado Mayor del Ejército, contador Carlos F. Caselli y los miembros de la Comisión de Hacienda, señores Juan A. Martín y Eduardo Hunter.

Dicho balance, conjuntamente con la memoria, fue presentado a estudio y consideración del presidente de la Nación, quien, al declararlo conforme, agradeció, por intermedio de un decreto, los importantes servicios que había prestado la Comisión Central.

Cabe dejar constancia que, durante el período de tiempo que media entre la fecha de inauguración de la Escuela y el 31 de agosto de 1913, esta Comisión corrió con la mayor parte de los gastos ocasionados por su funcionamiento.Cooperó en los gastos originados por las ascensiones aerostáticas, supliendo con sus recursos la ausencia de fondos especiales destinados a tal efecto en el presupuesto del Ministerio de Guerra(2). Tomó a su cargo los gastos de reparación de las averías sufridas por los aeroplanos en uso y los de reconstrucción del monoplano con que perdiera la vida el subteniente Origone el 19 de enero de 1913 y cuyo señor padre donara a la escuela.
Adquirió además, tres aeroplanos: un biplano Henri Farman-Gnôme 50 HP, de construcción nacional, a don Edmundo Marichal; un monoplano Castaibert- Gnôme 50 HP, diseñado y construido en el país por don Pablo Castaibert, y un monoplano Blériot XI 2-Gnôme 80 HP, biplaza en tándem, directamente en las usinas de Buc (Francia).

Asimismo, en materia de construcciones, adquirió un hangar y amplió las comodidades existentes en el aeródromo para el personal civil y de tropa afectado a la escuela.

Este patriótico movimiento, sentido con igual intensidad en todo el territorio de la República, fue causa de que, durante cierto tiempo, las donaciones espontáneas pusieran de manifiesto la simpatía con que el pueblo miraba a la flamante escuela, aumentando y enriqueciendo su material.

Es así como, aparte de las donaciones recibidas por la Comisión Central y de los aeroplanos adquiridos por ésta con los fondos recaudados, la Escuela Militar de Aviación recibió, además, un monoplano Marichal-Anzani 35 HP, un monoplano Etrich Taube-Mercedes 100 HP y un monoplano Morane Saulnier-Le Rhône 80 HP, del tipo “Parasol”, donados por la “Comisión Pro Aeroplano Estudiantil”, por la colectividad alemana y por la “Comisión de Damas Mendocinas” respectivamente.

El Aero Club Argentino, que fuera obsequiado por el Jockey Club de Buenos Aires con un biplano Maurice Farman-Renault 80 HP y un doble monoplano Bréguet-Gnôme 100 HP, transfirió este último a la Escuela de Aviación Militar a cambio de un monoplano Blériot XI 2-Gnôme 80 HP, el cual, en oportunidad de la clausura de su escuela, pasó definitivamente a poder de su primitiva propietaria.

No hay que olvidar tampoco que, entre las contribuciones materiales aportadas a la Escuela Militar de Aviación debe figurar la del parque aerostático del Aero Club Argentino, aunque restringida, claro está, al uso. La importancia de esto queda determinada por la justipreciación que hizo la citada institución ante la Comisión Central, en su solicitud de resarcimiento de la suma de $6.000 m/n, importe del globo “Cóndor” destruido accidentalmente por el teniente Zanni, y de la de $13.800 m/n por el desgaste que sufrieron los globos, accesorios y aparatos científicos durante el año transcurrido.

Finalmente, a todo esto hay que agregar lo referente a las instalaciones del aeródromo de El Palomar en que se estableció la Escuela.

A mediados de 1910 y en oportunidad de finalizar la Semana de Aviación realizada en el aeródromo de Villa Lugano bajo el patrocinio de la “Comisión Auxiliar de Juegos Olímpicos” que presidía el barón de Marchi y fiscalización del Aero Club Argentino, los señores Mantels y Compañía decidieron implantar una escuela de aviación bajo la dirección del piloto aviador francés Alfredo Valletón.

A tal efecto solicitaron al Ministerio de Guerra la cesión de un potrero sito en la estación El Palomar (F.C.P.) y dispusieron la construcción de dos hangares, a los cuales fueron trasladados los biplanos Henri-Farman-Gnôme 50 HP que poseían, además de otros de propiedad particular.

Posteriormente, dicha escuela fue transferida a la Compañía Aérea Argentina, la que se comprometió a ceder, a su vez, en propiedad al Estado, sin cargo, todas sus instalaciones y elementos de vuelo al finalizar el plazo establecido de cinco años, así como a instruir gratuitamente a tres oficiales por año.

Fue en esta escuela donde efectuaron sus primeras prácticas los tenientes Spika, Goubat y Martínez Piñón y el alférez Escola, juntamente con los deportistas Eduardo Brach, Adolfo René de Bruyn, Francisco Herman Henstch, Sergio García Uriburu y Lucien Passebon.

El alejamiento de Valletón, que fuera reemplazado transitoriamente por Max Paris-Le Clerc, el eximio conductor del monoplano “Antoinette”, la destrucción de los aeroplanos y la ausencia de aspirantes, causaron la clausura de la escuela, planteando con ello la disolución de la compañía.

La idea de enajenar sus instalaciones al Aero Club Argentino, no prosperó.

Luego, iniciado el movimiento popular en pro de la creación de la IV Arma en el país, don Sebastián Ortega, en nombre de la firma Tomás Drysdale y Cía., efectuó gestiones para realizar la compra de los hangares a objeto de donarlos a su vez, a la Comisión Central. No llegándose a un acuerdo, la firma Mantels y Cía. propuso directamente dicha venta a la expresada Comisión, la cual delegó en el ingeniero Jorge Newbery la tarea de considerar la propuesta. Newbery, teniendo en cuenta la subsistencia de un largo plazo para el vencimiento del contrato suscripto con el Gobierno, llegó a convenir en la suma de $10.000 m/n el precio de la adquisición total de las instalaciones.

La oportuna intervención del mayor Luisoni ante el señor Adolfo Mantels, decidió a los directores de la Compañía Aérea Argentina a reconsiderar su actitud, convirtiendo en donación la venta convenida.

Posteriormente, el Aero Club Argentino hizo trasladar a El Palomar los cuatro hangares que recibiera de los empresarios del aeródromo de Villa Lugano. Dos los destinó al funcionamiento de su propia escuela y hangaraje de aeroplanos de propiedad de sus asociados y los otros dos fueron destinados a ampliar las instalaciones de la Escuela Militar.

Al respecto, debe recordarse que en un principio ambas escuelas funcionaron unificadas, bajo la dirección de las mismas autoridades. En julio de 1913 el teniente coronel Uriburu puso término a esta situación, atento la imposibilidad de establecer, en forma incuestionable, la delimitación de los vínculos administrativos y disciplinarios en que debían desenvolverse.

En cuanto al potrero que constituía el campo de maniobras de vuelo, era compartido para pastaje de ganado, con el Regimiento 2 de Artillería Montada. Esta situación inconveniente fue subsanada por el ministro de Guerra el 13 de mayo de 1913, al disponer que el Regimiento aludido pasara a ocupar el potrero que estaba reservado para la construcción del Colegio Militar.

 

Los aeroplanos donados y adquiridos por la colecta nacional.

   
   
   
   
   

 

CONTENIDOS
  Prólogo
I. Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar
II. Creación de la Escuela de Aviación Militar
III. Inauguración y Organización de la Escuela Militar de Aviación
IV. La Escuela de Aviación Militar en el Palomar
V. La construcción de la Escuela Militar de Aviación en Córdoba
VI. El nuevo cielo
VII. La Instrucción Académica
VIII. Cincuenta años de un nido de condores
IX. Un Capítulo Aparte: Jorge Newbery
  Bibliografía / Agradecimientos