Escuela de Aviación Militar
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ESCUELA DE AVIACIÓN MILITAR - GÉNESIS DE LA FAA - 1995

 

VIII. 50 años de un nido de condores

Brig. Rubén Oscar Palazzi

 

El comienzo de una nueva época

El año 1944 fue decisivo para las alas argentinas y en particular para la Escuela –por ese entonces denominada Colegio Militar de Aviación–, ya que la creación del Comando en Jefe de Aeronáutica no sólo permitió centralizar bajo una sola autoridad todo lo aeronáutico, sino que posibilitó la ejecución de planes orgánicos en diversas áreas a la par que abrió el camino para la futura independencia del arma.

 

“Cuna de héroes” pintura al óleo de Jorge R. Cuello. Original en la Ayudantía de la Dirección E.A.M.

“Cuna de héroes” pintura al óleo de Jorge R. Cuello. Original en la Ayudantía de la Dirección E.A.M.

 

A mediados de ese año, el Colegio Militar de Aviación a través de un decreto del Poder Ejecutivo fue autorizado a incorporar directamente a primer año a los aspirantes a cadetes de aeronáutica, con lo cual se lo colocaba a la par del Colegio Militar de la Nación y Escuela Naval Militar, en cuanto a la total responsabilidad en la formación del personal de oficiales de la aviación militar.

Los medios de prensa de esa época informaron profusamente sobre las condiciones de ingreso y el 10 de agosto de 1944 –al conmemorarse el 32do. aniversario de la creación de la E.A.M.–, quedó abierta la inscripción para los cursos que comenzarían en 1945. Si bien los afiches se referían a Colegio Militar de Aviación, el instituto había recuperado pocos días antes su nombre original, el que figuraba en el decreto del 10 de agosto de 1912: Escuela de Aviación Militar, designación nunca más modificada.

Pero el logro más importante sería la creación de la Secretaría de Aeronáutica el 4 de enero de 1945; a partir de ese momento, la futura Fuerza Aérea adquiría personalidad propia, sin subordinación alguna a las otras ramas de la defensa. La Escuela de Aviación Militar, dependiente de la Dirección de Institutos Aeronáuticos Militares pasaba a tener mayores responsabilidades ya que se le asignaba la misión de formar integralmente al futuro oficial de Aeronáutica de los Cuerpos del Aire y General.

A principios de febrero, la Escuela alojaba a varios cientos de jóvenes procedentes de diversos lugares de la extensa geografía argentina, que se preparaban para rendir las pruebas de ingreso. El 3 de marzo se realizaba la ceremonia de iniciación de los cursos 1945. Luego de la presentación al Director, comodoro Martín Cairó y la celebración de una misa de campaña a cargo del Rvdo. Padre José Maza, se dio la bienvenida a los ingresados al primer curso –221 en total, 137 para el Cuerpo del Aire y 84 para el de Tierra–, finalizando el acto con la ejecución del Himno Nacional.

Setecientos cadetes formaban el efectivo de la Escuela, entre los que se destacaban los recién ingresados por su mayor número. El segundo curso tenía 187 cadetes (157 para el Cuerpo del Aire) y tercer año sumaba 182 (106 para el Cuerpo del Aire), en tanto que cuarto año totalizaba 110 (85 para el Cuerpo del Aire). Estos tres cursos habían hecho su ingreso al Colegio Militar de la Nación. A fines de 1945 egresaban de la E.A.M. 108 nuevos Alfereces integrantes de la Promoción XI, incluído un becado paraguayo. Setenta y seis ostentaban el brevet de Aviador Militar.

La instrucción de vuelo fue impartida a los cadetes de tercer y cuarto año. Del Grupo Elemental, constituido por 106 cadetes fueron separados 30, en tanto que del Grupo Avanzado, formado por 85 cadetes de cuarto año, sólo obtuvieron el brevet 76. Ambos grupos iniciaron la instrucción simultáneamente, el 5 de marzo. El Grupo Elemental desarrolló cinco programas comenzando por el doble comando (38 lecciones), que finalizó el 19 de mayo, día que los cadetes realizaron su primer vuelo solo. Continuaron luego con veinte temas de vuelo solo y siguieron con acrobacia (nueve temas), formación (18 lecciones) y navegación observada (5 temas), finalizando el 10 de noviembre.

El Grupo Avanzado desarrolló veinte temas de doble comando, hasta el 9 de abril en que los cadetes efectuaron el vuelo solo y continuaron con este programa hasta el 10 de mayo, para seguir con formación, vuelo a instrumental y navegación, navegación observada y nocturno, finalizando el 16 de noviembre.

Durante los primeros meses, la organización incluyó el Cuerpo del Aire y el Cuerpo de Tierra, ambos dependientes de la Dirección, en tanto que la Jefatura de Estudios dependió de la Subdirección. A partir del mes de septiembre, se llevó a la práctica una nueva organización, creándose el Cuerpo de Cadetes, constituido por la Agrupación de Vuelo, Batallón Aéreo y Batallón Terrestre. Sin embargo, hacia fines del año, se introdujo una nueva orgánica para 1946; del Cuerpo de Cadetes, continuaron dependiendo los Batallones Aéreo y Terrestre, mientras que la Agrupación de Vuelo, denominada ahora Jefatura de Vuelos, con sus dos Grupos, Avanzado y Elemental, pasó a depender de la Subdirección, al mismo nivel que el Cuerpo de Cadetes y la Jefatura de Estudios.

El material de vuelo estuvo constituido por una dotación de 75 aviones, predominando el Focke Wulf 44 J -51 aviones-, y veinte NA-16.

Ese año se finalizó la construcción del pabellón comedor y alojamiento para cadetes, el pabellón de aulas y gabinetes, la pileta de natación, el pabellón parque y depósito aeronáutico, el pabellón de radiocomunicaciones y el de talleres.

Cumplía la Escuela de esa manera su primer año de vida como instituto de formación del personal militar superior de la más joven de las armas, concretando un viejo anhelo de los hombres del aire, expresado en forma convincente por el que fuera Comandante de las Fuerzas Aéreas del Ejército, el general de brigada Armando Verdaguer quien, el 10 de agosto de 1937 al inaugurarse oficialmente las nuevas instalaciones en Córdoba, ante las más altas autoridades nacionales e institucionales, decía: “El Colegio Militar, ante cuya eficiencia nos inclinamos reverentes, no ha dado ni puede dar, los oficiales que necesita la fuerza aérea, pues su estructura no satisface a las exigencias de la formación del oficial del aire. Esta escuela tiene ya su primer curso de cadetes, y por primera vez el país tendrá Subtenientes de Aviación surgidos de sus aulas; pero la condenaríamos a una vida anémica y la crisis de personal perduraría como un mal endémico si sólo llenaran sus aulas los 10 ó 14 cadetes y subtenientes que, por distintas razones, proporciona como máximo el Colegio Militar.

Es propósito nuestro estudiar la forma de ampliar la función fundamental de esta Escuela, incorporando cadetes seleccionados entre los jóvenes que hayan terminado los estudios secundarios, para entregarlos después de tres años a la fuerza aérea como Subtenientes de Aviación”.

 

 

Hacia los años cincuenta

A partir de 1946 el instituto inicia un período de ininterrumpido crecimiento que va definiendo su imagen y proyección futura.
La orgánica de ese año contemplaba tres organismos dependientes de la Subdirección –Cuerpo de Cadetes, Agrupación Aérea y Jefatura de Estudios–, relacionados directamente con la instrucción de cadetes.

Luego de un exhaustivo análisis se adecuaron las exigencias teórico-prácticas para los distintos Cuerpos. La terminación de ciertas construcciones, especialmente el Pabellón de Estudios, permitió unificar en un solo edificio las actividades académicas. El efectivo del Cuerpo de Cadetes fue bastante similar al del año anterior -aproximadamente 700-, disminuyendo a 634 durante 1947. Las nuevas instalaciones -pabellón comedor, casino y dormitorios-, ya finalizadas, mejoraron significativamente las comodidades de alojamiento y la vida interna de los cadetes.

Durante el último trimestre de 1947, precisamente en octubre, veía la luz el primer número de la revista “Cielo”, editada por el Cuerpo de Cadetes, materializando un viejo deseo. El propósito era dar a publicidad una faceta de la personalidad del cadete, brindando a cada uno la oportunidad de difundir su ingenio e inventiva. Encontrarle nombre no había sido tarea fácil, pero “Cielo” pareció el título más apropiado –decían en aquel primer número–, porque esa palabra evocaría en cada uno las mismas ideas que provocaron su elección.

El 1 de diciembre de 1947 partía desde el aeródromo de Morón el Primer Vuelo de Instrucción con 76 cadetes del Cuerpo del Aire, primero de su género que se realizaba en el mundo con alumnos de un instituto aeronáutico militar. Las aeronaves utilizadas, fueron bautizadas con el nombre de cada una de las carabelas de Colón, y era también la primera ocasión en que aviones argentinos, afectados a una misión de carácter militar, realizaban la travesía del Atlántico en un vuelo de ida y regreso a Europa.

En apenas dos días arribaron al aeropuerto madrileño de Barajas donde la cordial bienvenida fue anticipo de cuanto aguardaba a la delegación argentina. La Fábrica de Construcciones Aeronáuticas de Getafe abrió sus puertas exponiendo su capacidad creadora. Siguió Toledo, la ciudad imperial, crisol de una raza cuyas huellas han quedado bien marcadas en todas las épocas de la hispanidad. En la catedral de Toledo, los cadetes admiraron con devoción las muestras del arte humano dedicado a enaltecer la Gloria Divina.

En las ruinas del Alcázar, la Escuela de Aviación Militar ofrendó su testimonio de admiración y recuerdo hacia los jóvenes cadetes que allí cayeron por lo que interpretaban el bien de su Patria.

Las glorias marciales y la genialidad de los artistas se apreciaron en la visita a los museos Militar y de Arte del Prado y los tesoros históricos en el museo Naval. El Escorial, construcción levantada por Felipe II, reveló a la delegación las proyecciones arquitectónicas del edificio y las riquezas que guardan sus dependencias.

Al regreso, entre sentimientos y colores, Río de Janeiro se abrió a la contemplación de quienes rendían homenaje a uno de sus hijos predilectos: Santos Dumont, precursor de la aeronáutica y el vuelo.
Retornó la delegación once días después de su partida, trayendo un rico bagaje de conocimientos y experiencia para los que, una semana más tarde, debían graduarse como oficiales de la Aeronáutica Militar.
Confraternidad de armas, igualdad de ideales y destinos, son los frutos positivos de estas embajadas que, un tanto fuera del protocolo oficial, dejan hablar su corazón e interpretan mejor las expresiones del amigo.
En once días, los tres aviones cubrieron más de 21.000 kilómetros, cruzaron el océano Atlántico y sobrevolaron territorios de la más variada topografía. Esa fue la experiencia de inestimable valor que para su carrera obtuvieron los cadetes de aviación en su primer vuelo de aplicación, cumplido con perfecta regularidad, con ejemplar disciplina y según planes preestablecidos.

Tomar contacto con las modernas organizaciones aeronáuticas de proyección internacional, con los sistemas de ayuda y protección al vuelo que jalonan las grandes rutas aéreas del mundo, y con los problemas que deben solucionar las tripulaciones en las grandes travesías, proporcionaron especial capacitación profesional a los oficiales que recién se iniciaban en la carrera del aire.

Durante el vuelo, la cabina de los aviones fue aula, en la que aplicaron los conocimientos acumulados en cuatro años de estudio; alternando la navegación astronómica con el vuelo a instrumental y el control de los motores con las comunicaciones radioeléctricas.

Fructífero en lo espiritual y rico en enseñanzas técnicas, el balance de este primer vuelo de instrucción de la Escuela de Aviación Militar confirmó el acierto de las autoridades nacionales al instituirlo.
Finalizaba el año con un logro deportivo, al clasificarse el equipo de rugby de la EAM campeón de segunda división de la Unión Cordobesa de Rugby, con 274 tantos anotados, seguido por el Monserrat Rugby Club que computaba cien. La EAM ascendía a primera división.

Ciento cincuenta y cinco aeronaves de dotación -entre éstas ochenta y cuatro F.W. 44 J y 40 DL 22-, y 23.644 horas voladas al finalizar 1947 eran sólo un indicio de las actividades que desarrollaba la Escuela, en constante expansión.

En 1949 son erigidas las dos torres de acceso al instituto, que desde ese entonces constituyen parte de su imagen e identidad, como expresión del eterno deseo del hombre de elevarse desde la tierra hacia el azul del cielo, aspiración que se concreta en aquellos que poseen la pasión irrenunciable de volar.

Se inicia también ese año lo que sería la primera pista pavimentada y se construye la plaza de armas General José de San Martín, la que será a partir de ese momento, testigo de las ceremonias más importantes de la Escuela.

A principios de 1949 comienzan a llegar los primeros aviones Percival Prentice MK 1, material aéreo que se suma al de dotación de la Escuela para reemplazar al Focke Wulf, incorporado a fines de 1937.

La instrucción aérea no se había modificado sustancialmente, excepto que en 1949 comenzaron a volar también los cadetes de II año, pero sólo cumplieron veinte temas de doble comando y el vuelo solo. Los patrones de vuelo contemplaban nueve temas de pilotaje, treinta de instrumental y cuatro de nocturno en el avión Percival Prentice.

Con el DL 22 se efectuaban también nueve temas de pilotaje, diez de formación y uno de navegación. En las aeronaves NA-16 los cadetes de IV año realizaban los temas de fotografía aérea, tiro y bombardeo y con el Beechcraft AT 11 -la EAM contaba con 18 de estas aeronaves-, cumplían los temas de instrumental, nocturno y navegación.

 

 

Una década de cambios

Durante la década de los años cincuenta se produjeron algunos cambios, a través de los cuales la EAM se fue adecuando y preparando para las mayores exigencias que la tecnología aeronáutica en constante evolución requería.

La orgánica se mantuvo similar a los años anteriores, pero en 1951 se crearon los Grupos Aéreo, Base y Técnico, con dependencia de la Dirección los dos últimos. El Grupo Aéreo Escuela, el Cuerpo de Cadetes, la Jefatura Estudios y la Jefatura Gabinetes, es decir todas aquellas dependencias relacionadas con la instrucción, continuaron bajo la Subdirección. Un nuevo cambio se introdujo en 1952 al modificarse el nombre del Cuerpo de Cadetes por Grupo Cadetes, lo cual perduró hasta principios de 1959 en que se volvió a la denominación original, es decir Cuerpo de Cadetes con dos Escuadrones dependientes, el Escuadrón Cadetes y el Escuadrón Estudios.

En 1959 el Cuerpo de Cadetes y los tres Grupos -Aéreo, Base y Técnico-, pasaron a depender de la Dirección, quedando bajo la Subdirección las Divisiones Enseñanza.

Las mayores exigencias en la preparación del futuro oficial tuvieron como consecuencia una reducción en los efectivos. Así en 1951 se inició el año con 417 cadetes y se finalizó con un centenar menos. Ese año egresaron 97 Alfereces, de los cuales 38 ostentaban el brevet de Aviador Militar. El número de egresos fue disminuyendo paulatinamente hasta alcanzar sólo una tercera parte en 1959, es decir 30 Alfereces.

La instrucción aérea continuó sin grandes variaciones hasta 1958 inclusive, año en que se introduce un cambio pragmático significativo. Hasta ese entonces, los cadetes pertenecientes al Cuerpo del Aire comenzaban a volar a partir de II año y egresaban, cumplidas las exigencias correspondientes a los cuatro años, como Alfereces Aviadores Militares. Desde 1959, se crea el Curso de Aviadores Militares (CAM) con un año de duración para Alfereces, modificándose de esa manera los planes de instrucción para los cadetes al desaparecer la formación por escalafones.

El material aéreo de dotación, hasta 1957 inclusive, estuvo constituido por los aviones DL 22, Percival Prentice y AT 11. En 1950 la EAM solicitó se le asignara una dotación de aeronaves Fiat G-46 para los patrones de acrobacia. Estos aviones -36 en 1957-, fueron desafectados en 1959.

En 1954 se desprogramaron los aviones NA-16, cinco años más tarde los DL 22 y en 1960 los últimos Percival Prentice. Pero desde mediados de 1957 la EAM contaba ya con los primeros B-45 Mentor, monoplano monomotor que se transformaría en la aeronave de instrucción primaria de las próximas cuatro décadas.

Pero el cambio más significativo no fue sólo la modernización del material aéreo de dotación con la llegada del Mentor, sino los cursos de perfeccionamiento que realizaron en los Estados Unidos de América algunos instructores del Grupo Aéreo Escuela. Estos cursos posibilitaron introducir una nueva metodología de enseñanza en la instrucción de vuelo, partiendo de la estandarización de todos los procedimientos. De esa manera los instructores adquirieron un mismo lenguaje y una misma técnica para las diversas maniobras de vuelo, incorporando a sus conocimientos una sistematización que aún hoy rige la instrucción aérea.

El personal que había realizado los cursos permaneció un tiempo prolongado en la Escuela, ejerciendo primero la docencia y luego la supervisión de los nuevos conceptos, que como todo proceso de cambio, tuvo no pocas resistencias.
Pero los cambios eran irreversibles y no quedaba ya lugar para las improvisaciones. El volar continuaba siendo un arte, pero también comenzaba a ser una ciencia.

Durante estos diez años se superaron siempre las dieciséis mil horas de vuelo anuales, excepto en 1955 y 1959 en que se volaron 11.939 y 12.970 horas respectivamente.

Una película, “La última escuadrilla” dirigida por Julio Saraceni en 1951 y en la que actuaban J.C. Barbieri, Jacinto Herrera, Tito Alonso, Norma Giménez, J.C. Altavista, Julia Sandoval y Mario Giusti, entre otros, pintó acertadamente la vida de un grupo de cadetes en la EAM de aquel entonces.

 

 

Cada vez más rápido, más alto, más lejos

Con el comienzo de los años sesenta, la incorporación tuvo un considerable aumento ya que ingresaron a primer año 250 aspirantes a cadetes luego de una rigurosa selección entre algo más de setecientos candidatos. Esta política de ingreso se mantendría por varios años, produciendo el egreso de promociones numéricamente más grandes.

Se había implementado desde el año anterior un nuevo programa académico, desapareciendo la formación por escalafones. La especialidad se adquiría con posterioridad al egreso una vez realizados y aprobados los cursos correspondientes.

En 1961 ingresaron por primera vez Peritos Mercantiles que luego de dos años como cadetes egresaban con el grado de Alférez en el Cuerpo de Servicios Profesionales, Escalafón Contabilidad. El curso se mantuvo desde entonces realizándose alternativamente según necesidades de la Fuerza.

A la par del CAM que realizaban los Alfereces recién egresados, se implementó a principios de 1960 otro Curso de Aviadores Militares -denominado CAM Especial-, integrado por oficiales con las jerarquías de Teniente a Capitán que por diversos motivos no habían podido realizar el curso cuando les correspondía. Esta excepción se concretó hasta 1962 solamente.

Pero lo que constituyó un cambio revolucionario fue la incorporación a fines de 1960 de los aviones Morane Saulnier MS 760 París, que inician la etapa del vuelo con reactores. Utilizados para la instrucción avanzada de pilotaje, esta aeronave representó una evolución fundamental en el adiestramiento.

Durante más de tres lustros, esta aeronave posibilitó que varios centenares de alumnos de los Cursos de Aviadores Militares tuvieran la oportunidad de volar un avión con motores de reacción.

En 1964 una escuadrilla de cinco aviones MS-760 realizó una exhibición acrobática con singular éxito en la ciudad de Santiago del Estero. El 10 de agosto de 1966 la escuadrilla, esta vez con siete aviones actúa en el aniversario de la EAM, recibiendo los elogios y felicitaciones de las autoridades presentes; en octubre del mismo año recibió de manos del Presidente de la Nación el trofeo “Presidencia de la Nación”, otorgado a la actividad aeronáutica más destacada, en la ceremonia de clausura de la XX Semana Aeronáutica y Espacial, efectuada en la ciudad de Buenos Aires. En 1967 se mantiene organizada con cinco aviones, haciendo presentaciones en festivales aéreos de las ciudades de San Salvador de Jujuy, Mar del Plata, Córdoba y Corrientes. El 14 de mayo de 1968 actúa en Asunción del Paraguay, en los actos conmemorativos de un nuevo aniversario de la independencia nacional y en el Día de la Fuerza Aérea Argentina. El 12 de septiembre, la Escuadrilla “Cóndor” se presenta por primera vez con nueve aviones ante sesenta cadetes de L’Ecole de L’Air de Francia que se hallaban de visita en la Escuela de Aviación Militar.

Este armónico y disciplinado conjunto, formado por instructores y jefes de Escuadrillas del Grupo Aéreo Escuela, constituyó durante varios años un motivo de orgullo no sólo para la Escuela de Aviación Militar sino también para la Fuerza Aérea Argentina.

En abril de 1961 se incorporan también a la dotación de la EAM, 26 monomotores NA T-28 traídos en vuelo desde los Estados Unidos de América por personal del Grupo Aéreo Escuela. Dado su equipamiento radioeléctrico se utilizaron para reemplazar a los bimotores AT 11 que fueron desafectados definitivamente en 1963. Pero el T-28 tuvo poca vida útil en la EAM, ya que a fines de 1965 se daban de baja los últimos cinco aviones de dotación.

La incorporación del vuelo a vela fue otro aspecto importante de estos años; no sólo incrementó el espíritu de vuelo sino que facilitó a los cadetes aplicar una serie de conocimientos teóricos, y preparó las bases para lo que sería posteriormente la Escuadrilla de Volovelismo, que obtuvo honrosas distinciones y preciados galardones representando a la EAM en diferentes certámenes y campeonatos nacionales.

Un trágico accidente ensombreció esta década el 3 de noviembre de 1965 cuando se realizaba el Décimo Viaje Final de Instrucción con los cadetes del último curso, al desaparecer el TC-48 con 68 personas a bordo (5 oficiales y 54 cadetes de la EAM).

Las horas de vuelo se incrementaron significativamente y superaron siempre las veinte mil, excepto en 1963 que se volaron 17.913 hs. En 1967 totalizaron 28.766 horas.

Los primeros años de la década siguiente no mostraron modificaciones sustanciales. En 1973 reaparece la instrucción diferenciada por escalafones otorgando conocimientos básicos pero sin que el cadete egrese con una especialidad. Hacia 1978 y como anticipo de un nuevo cambio, los cadetes de IV año comienzan a recibir instrucción de vuelo y obtienen el brevet de Aviador Militar luego del egreso como Alfereces.

Entre 1979 y 1984 los cadetes del Escalafón del Aire egresaron -al finalizar cuarto año-, como Alfereces Aviadores Militares. Desde 1982 a 1984 inclusive, el Curso de Instrucción Aérea (CIA) era iniciado por los cadetes de 3er. año del Escalafón del Aire. A partir de 1985 se retorna a la modalidad anterior de realizar el CAM con alfereces recién egresados.

El último cambio producido en el material aéreo de dotación, ocurrió en 1987 con el arribo de los primeros turbohélices EMB 312 Tucano, que reemplazaron al MS 760 París. Continuó utilizándose como aeronave de instrucción primaria el B-45 Mentor, avión que atesora treinta y ocho años en la formación del Aviador Militar de la Fuerza Aérea Argentina.

El Cuerpo de Cadetes no ha variado en los últimos años su tarea fundamental de educar e instruir al cadete, inculcándole las virtudes militares y capacitándolo técnica y profesionalmente según el perfil establecido, todo ello con la finalidad de formar al personal militar superior del Cuerpo de Comando y del Escalafón de Contabilidad del Cuerpo de los Servicios Profesionales.

A su vez, el otro organismo que coadyuva a la educación e instrucción del cadete en los aspectos académicos del plan de enseñanza es el Grupo Estudios, que desde 1986 recobró nuevamente el nivel orgánico de Grupo.

La formación de los aviadores militares y de los pilotos de planeadores de la Fuerza continúa siendo la tarea primordial del Grupo Aéreo Escuela.

Los tres organismos sustentan la misión de la EAM, que no ha variado en los últimos cincuenta años: reclutar y formar al personal militar superior del cuadro permanente de la Fuerza Aérea y a los Aviadores Militares.

La seguridad de las instalaciones y de los medios, y las actividades que aseguren la cadena de abastecimiento, la provisión de servicios y el cuidado de la salud del personal competen al Grupo Base Escuela. La provisión del apoyo técnico y logístico al material aéreo de dotación de la EAM es una responsabilidad del Grupo Técnico Escuela.

Las modificaciones orgánicas, los cambios en los programas de enseñanza, el material aéreo de dotación, las horas voladas cada año, el número de egresados y otros tantos aspectos variables a lo largo de tantos años, constituyen sólo características distintivas de una época o de un período en la vida de la Escuela. Se realizaron o llevaron a la práctica porque se consideraron necesarias en su momento, para adecuarse a una realidad dinámica.

La Escuela ha desarrollado a través de los años no sólo la formación ético-espiritual, social, intelectual y física de los futuros alfereces, sino también la aptitud técnico-profesional de aquéllos que integrarán el Escalafón del Aire, es decir la de los futuros Aviadores Militares.

Formar la personalidad de los cadetes desde el punto de vista humano y profesional, capacitarlos para el ejercicio de las funciones inherentes al grado inicial en la jerarquía del oficial y contribuir a que adquieran habilidades y conocimientos que posibiliten un perfeccionamiento constante a posteriori, han constituído las grandes responsabilidades asumidas por los profesores e instructores de la Escuela de Aviación Militar en estos años.

Una institución supera el tiempo cuando los hombres que la integran la sienten como el soplo vital de su vida, y en su paso por ella dejan, entre sus muros, parte de sí.

Así, quienes han pasado por la Escuela de Aviación Militar y quienes egresan de ella, llevarán desde ese momento una serie de vivencias y recuerdos que los identificará siempre.

Las experiencias vividas como cadete con sus cuotas de regocijos y tristezas, la amistad de compañeros y camaradas, las enseñanzas de instructores y profesores, hechos y circunstancias que acontecieron en un momento determinado pero que perduran con los años, forman parte de esas vivencias y recuerdos.

Todo ello es parte de esta Escuela, nido de cóndores del cual partieron en estos cincuenta años, cientos de pichones con el carácter templado por una vocación cultivada día tras día, en la abnegación, el desprendimiento y la generosidad. Vocación que no se la declama, vocación que se vive calladamente, hasta el momento de la prueba, que llega por los caminos menos esperados y posibilita el heroísmo de entregar, por amor, el don más preciado que Dios le dio al hombre: la vida.

 

CONTENIDOS
  Prólogo
I. Movimiento Nacional Pro Aeronáutica Militar
II. Creación de la Escuela de Aviación Militar
III. Inauguración y Organización de la Escuela Militar de Aviación
IV. La Escuela de Aviación Militar en el Palomar
V. La construcción de la Escuela Militar de Aviación en Córdoba
VI. El nuevo cielo
VII. La Instrucción Académica
VIII. Cincuenta años de un nido de condores
IX. Un Capítulo Aparte: Jorge Newbery
  Bibliografía / Agradecimientos