| Número 24 | Año 10 | Jueves 15 de Diciembre de 2011 |  

 

El combate y la marcha de San Lorenzo

Por el Cadete de III Año Jorge ECHEVARRIA


>>> | Reseña Histórica
En el crepúsculo del año 1812, el Coronel D. José Rondeau, con su bravo Regimiento de Dragones sitiaba a la plaza de Montevideo. Los sitiados, al mando del General Vigodet, ensayaron un ataque contra las líneas patriotas, pero fueron complemente derrotados en la batalla del Cerrito, el 31 de diciembre de 1812.

La situación de la plaza sitiada se tornó desesperada; sólo quedaba una única salida para su abastecimiento: el mar. El General Vigodet decidió organizar una escuadrilla con tropas de desembarco, su misión: Distraer, atacar y saquear las márgenes occidentales del Río Paraná.

La expedición estaba integrada con varios cruceros españoles, a bordo de los cuales  se agrupaban alrededor de 300 hombres. A mediados del mes de enero de 1813, ingresaron por la boca del Guazú. La flota estaba al mando del corso español Rafael Ruiz, por su parte las tropas de desembarco estaban comandadas por Capitán Juan Antonio Zabala.

El gobierno patriota, tomó las medidas para contrarrestar la empresa que pretendía llevar a cabo el Rafael Ruiz. Para ello resolvió que el Coronel José de San Martín, con 150 granaderos, partiera de inmediato a la interceptación de los realistas.

El 28 de enero iniciaron una marcha forzada a lo largo del Río Paraná. Frente a San Nicolás de los Arroyos, el Coronel ordenó organizar un servicio de exploración adelantada, que cubría la parte de las barrancas del río, con el fin de mantenerlo informado sobre el rumbo y la actitud del enemigo.

La marcha fue extenuante. En lo posible trataban de marchar durante la noche, para evitar el fuerte sol de enero, que afectaba esa región litoraleña con altas  temperaturas y elevada humedad.

Para pasar la noche del día 2 de enero, seleccionaron una posta lindante al Colegio de San Carlos. En ese lugar, don Ángel Pacheco les informo que las velas de los españoles habían fondeado frente de las barrancas de San Lorenzo, ubicado a unos 26 kilómetros de la ciudad de Rosario.

Como buen militar, el Coronel San Martín intuyó que esa misma noche o durante la madrugada, se produciría el desembarco de las tropas.

El Combate
La noche era muy cerrada. La luna estaba ausente; hasta los grillos parecían atónitos, se enmudecían ante el paso de los patriotas que marchaban marcialmente. La agitada respiración de los caballos, el ruido de las espuelas, los aceros de lo sables envainados, suenan como anuncio de una pronta batalla.

Llegaron al monasterio del colegio, oscuro, sólo iluminado con algunas pocas lámparas de querosén que lenta y mansamente se extinguían. Se acomodaron detrás del viejo convento para pasar la cálida, pero no tan sosegada, noche. Allí, en ese lugar, tratan de hacer descansar sus músculos, agotados por tan largo viaje. El ansia gana al cansancio,  el nerviosismo les quita el sueño. Se preparaban para un combate que, a pesar que ellos lo desconocían, trascendería los tiempos. Un combate donde los cobardes no tenían un lugar.
Llegó el amanecer, era el día 3 de febrero de 1813, el día era claro y el sol comenzaba a molestar. Los hostiles españoles, se aprestaban y comenzaron el desembarco al mando de su capitán. Tan sólo 400 metros separaban a los patriotas de los realistas. Ni si quiera en lo más recóndito del pensamiento de Zabala, estaba la posibilidad de encontrar resistencia en ese antiguo y solitario paraje.

Pero el Coronel San Martín había organizado sus tropas en el mismo patio del convento, y desde lo alto del campanario esperaba que el enemigo estuviera en un punto en el que no hubiera retorno, donde sólo quedara la opción de cruzar los aceros.

Fue paciente en la espera. Cuando advirtió que el momento de probar el valor y la fortaleza de esos hombres, que tan duramente había forjado el mismo, había llegado, bajó del campanario, desenvaino su sable y les habló a sus soldados: “Espero que tanto los señores oficiales como los Granaderos se portarán con una conducta tal cual merece el Regimiento”, esas fueron las ultimas palabra que les dirigió, antes de ordenar la carga.

La maniobra estaba dividida en dos acciones: la 1ª al mando de San Martín, salió por el lado norte del convento, con el objetivo de lanzarse en un ataque frontal hacia los enemigos. La 2ª al mando del Capitán Justos Bermúdez, fue por el costado sur del monasterio, con el objetivo de flaquear al enemigo para cortarle así su retirada. El Coronel San Martín cargó a la cabeza de sus bravos granaderos, el factor sorpresa fue total. Los españoles, atónitos, apenas tienen tiempo de reaccionar, respondiendo con un nutrido e incesante fuego sobre las fuerzas patriotas.

Se sentía el chocar de los aceros. En un instante, el combate parecía haberse concentrado alrededor del Coronel. Su fiel caballo, cae abatido por un fragmento de alguna metralla, la pierna del jinete quedó aferrada bajo el enorme peso del corcel. El Capitán Zabala atacó con un sablazo que rozó las mejillas del Coronel, hiriéndolo ligeramente. Un realista va directamente a atravesarlo con su bayoneta, cuando parecía que el momento final de San Martín había llegado, el Cabo Cabral se arrojó al suelo y logró liberarlo del peso de su caballo, pero pagó el precio más alto y más sagrado para un soldado: “Dar su vida por su comandante”, acto de arrojo temerario que conquistaría su fama para la inmortalidad, acto que será recordado no sólo por una Nación que nacía en esos años, sino por medio continente que agradece el heroico hecho por el cual salvó la vida del futuro Libertador de América.

Todo pasó muy rápidamente. El Capitán Bermúdez arremetió con su compañía, acción por la cual los patriotas tuvieron tiempo de reorganizarse. En ese momento el Coronel San Martín ordenó retomar la carga contra los realistas que, arrastrados por las armas de los patriotas, son arrojados hacia las barrancas del Paraná.

El destino de los españoles fue variado, muchos fueron capturados, otros se ahogaron, el resto que lograron escapar, regresaron como pudieron a la infortunada escuadrilla.

Así fue como ocurrieron los hechos aquel día.

Ya de regreso en su cuartel de Retiro, para honrar la memoria del heroico Sargento Cabral, el Coronel San Martín, ordenó que todos los días en la presentación de la tarde se lo llamara en la lista del 1º Escuadrón al cual pertenecía, y que el sargento más antiguo respondiera: “Murió en el campo del honor, pero vive en nuestros corazones. ¡Viva la Patria, Granaderos!”

La marcha: Letra y Música
El compositor de la marcha fue el uruguayo, nacionalizado argentino, Cayetano Alberto Silva. Nació el 7 de agosto de 1868, en San Carlos de Maldonado, Republica del Uruguay.

Radicado desde niño en la Argentina, ingresó como músico en la Banda del entonces Batallón VII de Infantería, en el año 1893. Músico de trascendencia, fue Director de banda de varios batallones de infantería.

No es preciso el tiempo que tardó en componer la marcha, pero doña Filomena Santarelli de Silva recuerda que terminó en febrero, en una finca en la ciudad de Venado Tuerto, Provincia de Santa Fe.

La partitura, fue una dedicatoria para el General Pablo Ricchieri, Ministro de Guerra durante la presidencia de Julio Argentino Roca. El compositor pensó primero en ponerle por título “San Martín”, pero como sugerencia del Ministro, quien había nacido en San Lorenzo y considerando que fue la única contienda del General San Martín en territorio nacional, la nombró “San Lorenzo”.

El autor la ejecutó por primera vez en violín, en febrero de 1901, sin letra. Tanto le agradó al General, que al año siguiente ordenó que se ensayara con un grupo de marchas militares.

El 30 de octubre de 1902, se ejecutó por primera vez oficialmente en público. Fue  en la inauguración, en Rosario, del Monumento al General San Martín. Años después, en 1908, el profesor Carlos Javier Benielli le puso letra, componiendo las estrofas, que cuadran perfectamente en la música, en homenaje al épico combate.

El maestro Cayetano Alberto Silva falleció en la ciudad de Rosario, en la mayor pobreza, el 12 de enero de 1920.

Diversos Intérpretes 
En 1925, visitó Buenos Aires el Príncipe de Gales, quien solicitó que, en el desfile a realizarse en su honor, se ejecutase la marcha de “San Lorenzo”.

El gobierno inglés solicitó autorización a la Argentina para ejecutarla el 22 de junio de 1911, durante la coronación del rey Jorge V. También se la utilizó en la coronación de la reina Isabel II el 2 de junio de 1953. Debido a estos eventos históricos hasta hoy es interpretada habitualmente en los cambios de guardia del palacio de Buckingham.

Para su Centenario, el ejército alemán pidió desfilar con ella de fondo, a cambio, entregó a los argentinos la marcha Alte Kameraden (Viejos Camaradas). Cuando las tropas alemanas ingresaron en París, en junio de 1940, por una cuestión incierta, lo hicieron al ritmo de la marcha de San Lorenzo. Como acto de resarcimiento el General Dwight Eisenhower también la hizo ejecutar cuando el ejército aliado entró en París para liberarla.

En el programa musical, impreso en inglés, de los actos de celebración del cumpleaños de la soberana inglesa, del sábado 2 de junio de 1962 -Pág. 18/19- se podía leer: "Quick March (marcha movida) - San Lorenzo - Silva", para ser ejecutada por la Banda Montada de la Guardia Real a Caballo ("Los Azules") y la Agrupación de Bandas, Tambores y gaitas pertenecientes a la Brigada de la Guardia Real.

En la actualidad, esta marcha figura en el repertorio de casi todas las bandas del mundo; lo mismo que su arreglo para coro y guitarra. Los discos con su grabación pueden ser hallados en cualquier lugar del mundo; a manera ilustrativa, en Japón se han vendido cientos de discos de La marcha de San Lorenzo.

San Lorenzo

Febo asoma; ya sus rayos
iluminan el histórico convento;
tras los muros, sordos ruidos
oír se dejan de corceles y de acero.

Son las huestes que prepara
San Martín para luchar en San Lorenzo;
el clarín estridente sonó
y la voz del gran jefe
a la carga ordenó.

Avanza el enemigo
a paso redoblado,
al viento desplegado
su rojo pabellón. (bis)

Y nuestros granaderos,
aliados de la gloria,
inscriben en la historia
su página mejor. (bis)

Cabral, soldado heroico,
cubriéndose de gloria,
cual precio a la victoria,
su vida rinde, haciéndose inmortal.

Y allí salvó su arrojo,
la libertad naciente
de medio continente.
¡Honor, honor al gran Cabral!

Fuentes:
Historia del Regimiento de Granaderos a Caballo, Biblioteca del Suboficial. H. M. Torres Queirel, Teniente 1º Caballería. Buenos Aires 1932.
José de San Martín, Libertador de América. Instituto Nacional Sanmartiniano.
http://www.sanmartiniano.gov.ar/textos/parte2/texto042.php
http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=204040&IdxSeccion=100478



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