El viernes 20 de marzo, los cadetes de II Año de la Escuela de Aviación Militar realizaron el tradicional ascenso al cerro Mogote, el cual se encuentra ubicado en la provincia de Córdoba. Pertenece a las sierras chicas y es una colina de 1.046 metros sobre el nivel del mar, distante unos 25 km de la ciudad de Córdoba.
El ascenso a este cerro no es únicamente la preparación física para la maniobra en la montaña —el próximo ejercicio operativo del curso de segundo año—, sino que constituye una etapa fundamental en el desarrollo de los futuros oficiales de nuestra Fuerza Aérea. Su verdadero valor no radica solo en alcanzar la cumbre, sino en las experiencias forjadas durante la travesía.
Este recorrido duró 3 días, con varios pasos:
1o) Los cadetes salieron de la EAM el viernes 20 de marzo e iniciaron una marcha hasta donde sería su primera parada, un edificio ubicado en los predios de la Planta Piloto de la Guarnición Aérea Córdoba (Ex -SITeA).
2o) Al día siguiente comenzaron con la marcha para hacer cumbre en el cerro. Esta caminata duró aproximadamente 4 hs, en la cual atravesaron distintos obstáculos que la flora del cerro dispone.
3o) Ese mismo sábado, posterior a llegar a la cima del cerro, emprendieron con la última etapa de la práctica, una marcha hacia el campo de tiro «Quebrada de la cancha» donde allí los cadetes pasaron su última noche y al día siguiente regresarían a la Escuela para culminar con esta tradición.
Este ascenso no constituye una simple actividad dentro de la instrucción de los cadetes, sino que es un reflejo fiel de la formación física, moral y espiritual que se espera de ellos. La montaña, por su imponente altura, simboliza el acercamiento a lo Divino. Alcanzar su cumbre, no obstante, no es tarea fácil; los obstáculos del terreno demandan disciplina y exigen una férrea resistencia, cualidades que el cadete forja durante su preparación.
En definitiva, los cadetes no conquistaron un cerro cualquiera; ascendieron para alcanzar una formación espiritual. Transitaron un sendero difícil que representa el camino de la vida moral, guiados en cada paso por las virtudes cardinales de la prudencia, la fortaleza, la justicia y la templanza. Es el ejercicio constante de estas virtudes lo que finalmente los acerca hacia lo más alto: la perfección y lo divino.
Cadete II Año Tiziano CAMPS GARRALDA

